Paris en el 2020

Estaba ya en mi ultimo dia en Londres. Tenia dos maletas grandes y una mas pequenia que le llamo “mi oficina”. Esa maleta violeta me ha acompaniado a traves del mundo. Solo con papeles, libros , Biblia y mi laptop. Estaba sobrecargada. Me pasa eso generalmente y no entiendo por que.

El punto es que iba a tomar el tren a Paris, y tenia que cargar con todo eso sola, y ademas no sabia si me dejarian pasar por las restricciones impuestas entre la Comunidad Europea y el Reino Unido. Estaba muy tensa y no podia con todo.

Me habian sugerido enviar las maletas por separado, algo que se estila mucho alli. Y a todas las companias que llame, tenia la misma respuesta, “no estamos haciendo envios por el momento por la pandemia”.

Finalmente logre contactarme con la misma compania de trenes en la que viajaria y me permitian despachar mi equipaje por separado antes de subir al tren, asi que eso me tranquilizo.

Pero la maniana en la que salia, bien temprano, cuando me acercaba a la puerta, alguien de alli me llamo y me dijo: “lamentamos informarle que no hacemos mas el servicio de despacho de maletas anticipada”

Y yo ya estaba con un taxi en camino, que iba a hacer? Asi que llame al manager de la casa donde me hospedaba y le dije si era posible dejar alli una maleta, y luego veria como retirarla. Tambien le dije que dejaria una bolsa de pinturas por separado para la proxima vez en Londres, pintar alli.

Asi que me fui a la estacion de trenes un poco mas liviana. Muchos nervios, no sabia que me esperaba.

Afortunadamente, todo fue bien, y llegue a Paris, con la gran sorpresa que, una vez mas, mi amado me estaba esperando y ni bien subimos a su auto, destapo una botella de champagne. Alli en el medio de la locura de gente saliendo de la estacion, pleno sol de un dia Lunes.

Paris, la ciudad que me atrapo desde el primer dia en que la vi. Estaba feliz de estar alli finalmente luego de largos meses de espera y de tensiones. Por fin iba a poder empezar a reorganizarme nuevamente.

Caminar al costado del Sena es una de mis tradiciones alli, y siempre empezando en Plaza Trocadero, para ver a mi querida Torre Eiffel. Desde alli caminar hasta el Louvre. Admirandolo todo como si fuera la primera vez. Nunca me canso.

Pero claro, no contaba con que se acercaba una segunda gran ola de la pandemia. Asi que a los pocos dias de llegar y con poca gente en las calles, no como en otros tiempos, se ordeno un toque de queda que comenzaba a ultima hora de la tarde. Luego nuevamente, el “lockdown”, donde nadie podia salir si no es por motivos especificos y con permisos.

Nuevamente la hora de irme habia llegado. Luxemburgo me esperaba con los brazos abiertos.

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