Misterios

Estar en estas tierras de mis ancestros, me hace pensar y mirar las cosas de otra manera. Ademas han ocurrido sorpresas casi a diario. Me siento como que estoy haciendo mi tesis en la escuela de la vida, o algo asi, para despues de una vez por todas plantar mi bandera en un lugar fijo. Ya que he estado de trotamundos por asi decirlo por mucho tiempo.

Es como si cada cosa que paso hace mucho tiempo, cada cabo suelto que en su momento no tenia mucho significado, vino a tener alguna explicacion. Un por que y un para que.

Una de esas cosas, es un terreno abandonado en Uruguay. Si! suena extranio, estoy en Luxemburgo, sola, en el medio de una pandemia, mirando lo que pasa con otros anteojos por asi decirlo y pasan cosas en el medio de la mas absoluta tranquilidad.

Una tia mia, hermana de mi papa, que fallecio hace muchos anios, habia comprado un terreno en un lugar alejado de todo en Salto, Uruguay. A principios del anio 1999 su unica hermana, que tiene dos hijas, le escribio una carta a mi papa y le dijo que el se hiciera cargo de ese terreno. Unas primas viviendo alli estaban pagando los impuestos, y ella no estaba interesada.

No recuerdo muy bien por que, no se si porque yo a ese momento estaba muy pegada a mi papa con sus emprendimientos, y a la familia de mi papa, quedamos en que el terreno seria para mi. Mi hermano estaba enfermo y mi hermana era una joven modelo viajando por el mundo y a ella no le interesaba nada relacionado con las historias familiares.

Pocos meses mas tarde mi papa, aun joven, murio de un ataque cardiaco, y yo me hice cargo de todos sus asuntos y tome la decision que una vez finalizados, me iria del pais. Asi que ese terreno quedo alli, casi a la espera de nadie. Porque me entere que habia que hacer una sucesion, y era mas costosa y complicada que el mismo terreno.

Somos varios sobrinos de esa tia fallecida, asi que no era solo mio. Los que habian decidio dejarmelo ya no estaban.

Aproximadamente quince anios mas tarde, decidi volver a averiguar de ese terreno. En uno de mis viajes a Sudamerica, fui a Uruguay, y busque escribanos, abogados, y fui a la Municipalidad a ver que se debia de impuestos. Puse en marcha todos los motores para reflotar esa isla abandonada, mejor dicho, ese terreno.

Pero una vez mas, tuve la misma respuesta. Era muy complicado hacer algo. Otra vez una frustracion, pero, como de costumbre, no iba a dejar que eso me amargara. Seria lo que tenga que ser.

A principios de este 2020, me encontraba en Buenos Aires, sola, y despues de una decepcion familiar. Estaba pintando, siempre pinto y escribo donde sea que me encuentre, y supe que una de las primas de Salto, Uruguay, la que pagaba los impuestos, ya mayor, estaba gravemente enferma a punto de morir. Asi que decidi hacer un viaje relampago, primero a Concordia, y saludar a mi mama y a una hermana de mi mama, y luego me cruzaria a la vecina ciudad de Uruguay a saludar a Chela, ya en sus ultimos momentos.

Asi lo hice, sorprendi a mi mama en un restaurante de mi ciudad de origen, charlamos y nos reimos y luego me fui. Que iba a saber yo que seria la ultima vez que la veria. Los disgustos de la pandemia se la llevaron y aun hasta hoy no he podido ir ni a dejarle una flor.

Luego, tal lo planeado, fui a Salto, y alli estaban Lila, la hermana de mi papa, otra prima y Chela, la que ya se nos iba en otra habitacion.

No le habia dicho nada a mi mama de ese viaje, ella no entenderia. Siempre que yo hacia algo diferente, o sea lo usual, ella no estaba de acuerdo. No entenderia por que no me quedaba con ella, y saludaba a mis tias de Concordia, y si, iba a despedirme de una moribunda con la cual solo teniamos lazos de parentezco lejanos y no veia ni me comunicaba frecuentemente.

Pero yo siempre sigo los dictados de mi corazon. Una buena amiga me habia llevado y alli estabamos conversando animadamente en el living, cuando dije por fin: “Quiero ver a Chela, vine a saludarla y luego me voy”

Grande fue la sorpresa cuando me vio. Los ojos le brillaban, tenia tanto amor en su cuerpito pequenio y arrugado. Mas juventud que todas nosotras, y ciertamente mas memoria que yo misma. A sus largos ochenta, se acordaba de cada vez que la visite. Es que yo no me acordaba. Fueron pocas veces. Sin embargo ella habia atesorado cada visita. Se acordaba de detalles con claridad.

Me senti avergonzada y a la misma vez, muy feliz de verla. Que bien que habia hecho en ir. Por que no lo hice antes?

Ayude a levantarla de la cama, cambiarla y ponerla en su silla de ruedas, algo de lo que reconozco, soy fobica. No tengo alma de enfermera. Pero lo hice con tanto amor, que lo haria mil veces mas. La alegria que ella tenia y que lleno mi corazon es casi indescriptible.

Luego la llevamos al living para que se una a nuestra conversacion, y ella ilumino esa sala. Como nos reiamos, cuanta vida!

Alli salio el tema del terreno, me dijo: “Que pasa con el terreno, mira que es tuyo. Tenes que hacerte cargo”

Yo no le hice mucho caso, porque como ya conte fueron varias veces que me choque con la misma pared. Pero una vez mas dimos vueltas por alli con mi amiga, y hablamos de eso. Dias mas tarde, en el camino de regreso a Buenos Aires, antes de irme a Miami.

Pare en Gualeguaychu a saludar a mi prima, hija de la hermana de mi papa, que estaba en Salto con Chela, la dulce viejita.

Ella me atendio muy bien y tambien me dijo lo mismo, que vas a hacer con ese terreno. Es tuyo. Mi propia prima, heredera con mismos derechos, me decia eso. A lo que le respondi contandole todo lo que habia pasado.

Asi que ese tema quedo alli. Exactamente una semana, ya encontrandome en Miami, me entere que Chela finalmente se habia ido. Llore mucho, que pena que no supe disfrutarla cuando estaba viva, cuando anios antes viviamos cerca. Que tesoro de mujer. Tenia tanto para dar!, y no tenia hijos. Sobretodo, por alguna razon, me queria muchisimo y yo senti que a ella tambien.

Luego vendria la pandemia, la muerte de mi mama, y muchisimas cosas mas. Entendi que ese viaje era de despedida de ellas, por eso lo hice. Yo no sabia lo que se venia concientemente pero quizas mi corazon, si.

Ahora, estando aqui en Luxemburgo en mi propio planeta, recibi un mensaje de un amigo de la adolescencia con quien no hablaba de anios, y me dice:

“Vos conoces a alguien de apellido Lechini que tiene un terreno en Uruguay? porque tengo un amigo que esta a cargo de un distrito y hay gente apropiandose de terrenos. Estan buscando a los duenios. Parece que pertenecia a una mujer que fallecio hace anios.”

Y le digo, “Es mi terreno!!! Me lo regalaron pero no pude hacer la escritura porque habia que hacer sucesiones y demas cosas que parecian imposibles:

Para esto, el amigo, con quien al momento de contactarlo, se encontraba en la policia y habia puesto mi mensaje en alta voz. Todo estaba en movimiento para recuperar esa tierra, y aquellos mails que intercambie con escribanos y abogados, ahora tenian sentido. Les envie todo. Y alli estan. Parece que el terreno grito, “quiero a mi duenia, no importa donde ella esta”

Una vez mas, aquellos que partieron, tambien se hicieron escuchar.

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