Jimmy Hendrix

Mientras me quede en esa casa tan extraña en el centro de Luxemburgo, durante ese caluroso y desolado verano europeo, una conocida, amiga de una prima mia, Maria, me dijo que se iba de viaje con su esposo y que me daría las llaves de su apto. para que saliera dos veces al dia con Jimmy Hendrix, su perro.

Yo no tenia compromiso alguno, y estaba desesperada por salirme de la casa en la que me encontraba, así que sin dudarlo, le dije que contara conmigo.

Claro, no tuve en cuenta algunas cosas, primero que ella era irascible con los horarios de sacar al perro, y que no se daba cuenta que yo no había sido contratada sino que lo hacia de favor. Así que cada mañana me llamaba a las diez para ver si había ido a sacar al perro, y lo mismo a media tarde.

Por otro lado, Hendrix era un perro gigante, amoroso, y muy pesado de peso, que amaba estar en el parque. Y que estaba obsesionado con las pelotillas de tenis que sus dueños le habían dejado.

Así que lo que iba a ser un corto paseo para que hiciera sus necesidades se transformo en una obligación que significaría mas de una hora de mi tiempo cada vez que iba a sacarlo mas el tiempo de ir caminando hasta su casa, que desde donde yo me encontraba eran mas de quince minutos caminando a paso rápido.

Fueron cuatro dias que me preguntaba para que me había puesto en tal compromiso, mas cuando ya sabia que me mudaría muy pronto de aquella casa embrujada, y que tenia cosas que hacer.

El primer dia que saque a Hendrix a un parque de perros a unas cinco cuadras del apartamento de Maria, y lo solte de la correa para que corriera a sus anchas y jugara con sus pelotas de tenis, me encontré con otra gente, que también habían llevado sus perros mas pequeños a jugar al parque. Lo que no imaginaba es que esos perritos serian atraídos por las pelotas de tenis de Hendrix, y alli al acercarse a querer jugar, el simpatico Hendrix sacaría sus colmillos y se armaría una discusión entre perros ladrando y dueños antipáticos acostumbrados a sus sociables perritos.

Así que cuando les pedi que por favor los llamaran porque Hendrix estaba molesto, me dijeron que yo me fuera, y que no podia estar en un parque publico con un perro que podia morder.

De nada sirvio que les explicara que no era mi perro, y que yo lo hacia de favor, y que en realidad el no mordía, solo que no le gustaba que le tocaran sus amadas pelotillas de tenis y que por eso ladraba.

Parecia una disputa entre madres protectoras de sus niños malcriados.

Así que, con mucho esfuerzo para volver a ponerle la cadena y el bozal a Hendrix, me fui del parque y decidí no volver mas por alli en esos días. Mientras esas damas que me habían recibido con una sonrisa de vecinas, me miraban con recelo y desaprobación.

Al otro dia, fui a otro parque que Maria me había recomendado. Era precioso, con muchos arboles y plantas verdes, digno de una pintura de Monet, y con un parque con un castillo y juegos para niños.

El area de los perros era amplio y estaba todo cercado con alambres para que no pudieran salir.

Que alegria senti al ver que no había nadie.

Alli, saque las pelotas de la mochila para que Hendrix jugara, y yo se las tiraba para que el corriera y me las trajera.

Todo iba bien, hasta que en un error de calculo, tire una de las pelotas fuera del area de las vallas.

Habia muchas matas verdes, y arboles tupidos, era muy difícil ver donde había caído la pelota, casi una misión imposible.

Ademas luego de todo ese pequeño monte de plantas, estaba el area de los niños con algunos padres y maestros.

Hay que recordar que Luxemburgo es un país con estrictas leyes y costumbres sociales. No hay lugar casi para algún margen de error. El tirar algo fuera de lugar intencionalmente o no, puede salir muy caro.

Hendrix estaba como loco, no se movía de al lado de la valla donde había desaparecido la pelota. Parecía una madre pato esperando desesperadamente por su patito.

De nada servia que yo le hablara, se tiro al suelo, y como era tan pesado y gigante, no lo podia mover tirando de la cuerda de paseo. Ya era muy entrada la tarde y pronto oscurecería, y este perro que no había forma que se moviera. De nada servia que le mostrara otra de las pelotillas, el queria la que se había caído alli, del otro lado de la valla.

Intente ver de saltar pero el tejido era muy alto, y no era posible de manera hacerlo de ninguna manera.

En eso, apareció una joven madre con una niña, rubias ellas, y dispuestas a ayudar.

Así que me dijeron que vigilarían al perro, el dentro del area cercada, ellas afuera, mientras yo veia de recuperar la pelota. Así es que salí corriendo, salte un cerco mas bajo que había del lado de afuera, di una gran vuelta para poder internarme en la selva de plantas sin pensar en que podia haber algún bicho, lo único que queria era recuperarla para llevarme el perro de una vez. Y finalmente lo logre.

Claro, fueron unos cuantos minutos de tension y yo preguntándome para que me había metido en tal situación.

Ademas yo tenia clases on line y estaba a punto de perderlas si no llegaba a tiempo.

igualmente Hendrix no se queria ir aun del parque, así que cada paso que hacíamos significaba para mi como arrastrar una pesada bolsa de papas.

Pasaban tantas cosas en mi cabeza, ellos no eran íntimos míos, y yo sentía que me controlaban en el teléfono esas dos veces al dia en las que yo tenia que pasear al perro y por supuesto, limpiar cada vez que el hiciera sus necesidades, sino, multa, claro!

También pensaba que era una gran responsabilidad para mi, porque y si le pasaba algo?

Así pasaron los cuatro días con Hendrix, algunos con lluvias intermitentes, donde me moje por no llevar paraguas y alguna que otra anécdota, pero yo amo los perros y el era casi humano en cuanto a su inteligencia solo le faltaba hablar y logro hacerse querer en tan poco tiempo.

Sus dueños llegaron y me agradecieron por lo que había hecho diciéndome que querían invitarme a cenar y que estarían por siempre recordando mi ayuda desinteresada.

Claro, ninguno de nosotros sabia que a pocos días de eso, mis planes de mudarme a la casa de una amiga quedaron truncos por una situación que explico en otro capitulo.

Entonces les pedi a ellos, a Maria y su esposo que por favor me dejaran poner algunas de mis pertenencias, cajas y valijas en el subsuelo de su propiedad, donde había algunos compartimentos para ser usados como depósitos.

Ellos accedieron gentilmente, pero eso si, no hubo tiempo de la cena programada.

Agradecida yo, apareci con mis cosas para ponerlas alli, pero no contaba con ser recibida con cara de desaprobación por ser mas de lo que ellos pensaban. Yo a su vez, les regale algunas cosas que ya no necesitaba pero ni el haber cuidado a Hendrix ni los pequeños regalitos parecían ser suficientes.

Así que les pedi que por favor, me las mantuvieran alli por unos días, y que me encargaría de mandar a alguien a recogerlas para llevarlas a otro lugar.

Y así lo hice. Todo mi esfuerzo de horas con Hendrix o de regalar pequeños detalles, fue el pago por dejarme ocupar un espacio en un deposito donde había lugar, y que realmente no les afectaba en lo absoluto en su vida cotidiana. Ademas de ser criticada por haber llevado una valija y unas seis cajas, por ser demasiadas cosas.

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